viernes, 1 de marzo de 2013

Un deporte encasillado

→ Colaboración para la revista del Club Ochobre.


Podemos encontrar a lo largo de la Historia preguntas para las que parece nunca tendremos respuesta. ¿Quién mató a Kennedy? ¿Estamos solos en el Universo? Cuestiones que aún a día de hoy siguen sin esclarecerse, como la que abordaré a continuación: ¿es el ajedrez un deporte?

La verdad es que se trata de un debate bastante interesante y nada sencillo, ya que consta de buenos argumentos (en uno y otro sentido) y parte de una definición demasiado ambigua. Y por supuesto no es mi intención dar aquí una respuesta definitiva a semejante embrollo, ni mucho menos. Pero sí quisiera exponer y defender brevemente por qué, bajo mi punto de vista, este apasionante juego debería considerarse tan deportivo como cualquier otro. 


"¡Que somos deporte!". "¡Que no quiero, que eso es muy cansado!". Y así por los siglos de los siglos...
(foto de Leshaines123).


Para ello, y en primer lugar, deberíamos definir qué es "deporte". Lo cual, dicho sea de paso, tampoco es fácil. Si consultamos el diccionario de la R.A.E. nos encontramos que deporte es una...

"Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas".

Ahora bien, ¿cumple el ajedrez estos requisitos (semánticos) necesarios? Creo que todos estaremos de acuerdo en que satisface la mayoría de estos puntos: se puede jugar tanto como pasatiempo como en el marco un torneo, y es necesario cierto adiestramiento para aprender y mejorar en su práctica. También es obvio que existe una extensa normativa que regula al detalle el transcurso del mismo. Pero... ¿qué hay de la actividad física? ¿Se puede decir que el ajedrez implica un esfuerzo físico? Aquí está el meollo del asunto...

Inconscientemente todos asociamos "actividad física" (y, por extensión, el deporte en general) con "sudar". Con un esfuerzo vigoroso que implique mover la mayor parte de nuestro cuerpo (si no todo) y provocar cierto gasto energético. Y es precisamente por esto por lo que creo no se considera al ajedrez como un deporte, ya que durante su desarrollo estás prácticamente quieto delante de un tablero. Muchos dirán que sin cansar, ¿verdad? ¡Pues no!, y ése es el error. 
La realidad es que la práctica de juegos como el ajedrez puede llegar a suponer un verdadero agotamiento. No hay más que ver a los grandes jugadores, exhaustos al finalizar los torneos pese a la intensa preparación física a la que se someten durante todo el año para aguantar tales eventos. Y un dato curioso para aquellos que quieran adelgazar y no les guste salir a correr (ahora que empieza tanta "operación bikini"): Anatoli Kárpov, campeón mundial, llegó a perder 10 kilos durante una competición. ¿Cómo es esto posible, si sólo hay que sentarse y mover piezas?

Es cierto que jugar al ajedrez no implica hacer grandes movimientos, y que el simple hecho de alargar el brazo y jugar una pieza no puede verse como una actividad física en sí. De hecho, desde fuera todo parece calma y silencio. ¿Por qué aparece entonces esa evidente fatiga? La respuesta es fácil: por el excesivo agotamiento mental. Y esto es algo que quiero destacar especialmente, que el cansancio mental es también agotamiento físico. Ojo al dato: el cerebro, con lo pequeño que es respecto al resto de cuerpo o al conjunto de nuestros músculos, ¡consume el 20% de toda nuestra energía! Si ya es considerable la cantidad de glucosa y oxígeno que llega a consumir a lo largo del día con una actividad normal, imaginad el gasto energético de este órgano si está trabajando durante un determinado tiempo a pleno rendimiento. Un esfuerzo físico para nada despreciable o alejado de los vigores de otros deportes.

Por tanto, si existe actividad física, competitividad y reglamento, ¿por qué no se le considera deporte como a todos los demás? ¿Creéis de verdad que es menos deporte que el motociclismo o el automovilismo en general? ¿Que el tiro (con arco, con armas de fuego,...) o el golf? ¿Acaso no puede codearse con la equitación, teniendo ambas disciplinas caballos saltarines? No digo que todas estas modalidades no deban ser catalogadas como "deporte", sino que bajo esas premisas el ajedrez lo es tanto como ellas.


Así de agotadas acaban las pobres piezas... (foto de Rodrigo Gianesi).

Pero como ya he dicho sólo es mi opinión, y existen argumentos más que válidos en contra del ajedrez como deporte; y me parece perfecto. La cuestión, a fin de cuentas, es disfrutar de esta belleza de juego, a la que algunos ya no sólo llamamos deporte, sino también arte.

Hasta la próxima, queridos peones del tablero de la realidad. 

sábado, 5 de enero de 2013

Rectificar es de (científicos) sabios

Los valientes que hayáis leído las entradas de este blog os habréis dado cuenta que me gusta destacar, siempre que puedo, la naturaleza del método científico. Que para hacer ciencia hay que ver, experimentar y sobre todo errar para así sacar conclusiones.
Pues bien, hoy quiero hablar de eso mismo, de errar. De meter la pata. Algo que hacemos todos, sin distinciones. Pero si bien todos cometemos errores no todos las afrontamos de la misma manera. Y es ahí donde nos acabamos diferenciando; en cómo respondemos a ellos.

Todo esto viene en relación a un par de noticias relativamente recientes dentro del mundo de la Ciencia. Ambas tienen en común que parten de un descubrimiento erróneo, pero difieren bastante en cómo se desarrollaron los acontecimientos a partir de su publicación.


Veo... que te estás equivocando
(simpática imagen bacteriana de Nathan Reading).
Empecemos hablando de la NASA, o mejor dicho de uno de sus grupos de investigación. El equipo de la astrobióloga Wolfe-Simon anunció a bombo y platillo allá por 2010 el descubrimiento de una bacteria que podía utilizar arsénico en ausencia de fósforo para vivir y crecer (aquí el artículo original). Esto suponía una auténtica revolución, ya que el arsénico, un elemento muy tóxico para los seres vivos, sería incluso incorporado a las cadenas de DNA, abriendo la posibilidad de que la vida se sustentase en otro tipo de elementos no orgánicos (véase el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el fósforo o el azufre). Y creedme, de aquí a las conjeturas sobre que pueda haber vida extraterrestre sólo hay un paso, y es un paso que la NASA necesita dar y liderar lo antes posible en los tiempos que corren...

Así pues ¡pum! Bombazo. El mundo de la Biología patas arriba y la NASA sonriendo con altivez... hasta que los demás biólogos (microbiólogos, sobre todo) se ponen a analizar el artículo y encuentran pegas por todos lados. Las críticas al trabajo no tardaron en aparecer, y la comunidad científica exigía a gritos una revisión de los experimentos. Y éste no es el problema; es normal que se pidan revisiones. Lo que no es normal es que la doctora Wolfe-Simon decida pasar de todos e incluso se niegue en un primer momento a compartir la bacteria al resto de grupos de investigación para que contrasten los resultados. Y eso es algo "obligatorio" dentro de la comunidad científica; o, al menos, algo que deberías hacer para no levantar sospechas...
Finalmente, en el 2012, dos grupos independientes publican unos resultados que demuestran que estas bacterias no sólo no incorporan arsénico a su material genético, sino que necesitan algo de fósforo para vivir (en contraposición a lo que afirmaba el trabajo original). En conclusión, los experimentos de 2010 no fueron los apropiados, presentaban importantes errores metodológicos y las evidencias quedaban por tanto refutadas. Y eso por mucho que Wolfe-Simon siga defendiendo que estaba en lo cierto...


Pero ahora pasemos al otro caso. Seguro que todos recordaréis la historia de los neutrinos. Sí, esas partículas sub-atómicas de las que casi nadie había oído hablar hasta que en 2011 saltó la noticia de que podrían moverse a una velocidad mayor que la de la luz. ¡Qué osadas, atreviéndose a desafiar al mismísimo Albert Einstein! Éste fue otro descubrimiento de gran repercusión, mayor incluso que el de las bacterias del arsénico. Sin embargo, y he aquí la diferencia, los responsables del descubrimiento (en este caso un grupo del CERN) reconocieron en todo momento que se trataban de resultados realmente extraños (podéis consultarlos aquí), y pidieron ayuda a otros grupos para repetir el experimento y revisar los datos obtenidos.
Por ello, cuando al final se descubrió que todo se debía a un error en el sistema de GPS que mide la distancia recorrida por las partículas (se habla de algo tan simple como un cable desconectado...) la sensación de engaño es menor. Ellos, a diferencia del otro grupo, colaboraron en todo momento, y en cuanto se aclaró lo ocurrido rectificaron sin problema alguno.

Sí, en ambos casos hay errores experimentales. Y precipitación a la hora de anunciar los resultados. Pero bajo mi punto de vista la forma de proceder ante esa situación es muy distinta entre ambos grupos, y por ello los científicos del CERN no salen tan malparados de esta experiencia. No así el grupo de la NASA, que actuó de principio a fin en contra del método científico y cuya reputación se ha venido abajo por completo.

¿Y cómo enchufo yo este cable? ¡Anda y que les den!
(fung.leo es el autor de esta genialidad de foto).


Así que no temáis por errar. Sabed rectificar, que os hará aún mejores.

Hasta la próxima, sabios lectores.

miércoles, 18 de abril de 2012

La mojada luz de las nubes

¿A qué huelen las nubes? Supongo que a nada, por mucho que se lo planteen los publicistas. O quizás podamos decir que a vapor de agua. A esa sensación de humedad extrema que te impide respirar, encharcándote los pulmones...
Sea como sea, me parece mucho más interesante esta otra pregunta: ¿de qué color son en verdad las nubes?

Partamos de lo más básico, como siempre. De lo que sabemos; las obviedades. Como que el agua es transparente (en su forma pura, claro; nada de "negro chapapote" o "arco-iris aceitoso"). Es algo que aprendemos desde bien pequeños y que no deja lugar a dudas. Pero también nos han enseñado, por otro lado, que las nubes no son de algodón. Que están formadas por (¿algún voluntario que levante la mano?), efectivamente, vapor de agua.
Pues ya está. Muy fácil. Si las nubes están formadas por agua, y éste es un líquido transparente, las nubes en realidad son invisibles. ¡Y esto a su vez convierte al agua en el camuflaje perfecto!


...


Vale, todos sabemos que no es así. Que las nubes son visibles. Mucho. Y no sólo eso, sino que no siempre son del mismo color. ¿Por qué ocurre todo esto? Intentemos explicarlo...


Blanco, negro y gris: el precioso mestizaje del cielo (bonita imagen de norm_p).


Lo primero que habría que aclarar, quizás, es por qué las nubes son por lo general blancas (y no transparentes). Y ello se debe a la interacción del agua con la luz.

Para entendernos: algo es de cierto color porque absorbe toda la luz que le llega salvo la de determinada longitud de onda (la de ese color), la cual refleja haciéndonos percibir tal tonalidad. Por ejemplo, la gran mayoría de hojas de los árboles son verdes porque la clorofila de éstas absorbe toda la luz que le llega salvo la correspondiente al verde, que es reflejada y captada por nuestros ojos.
Pues bien, en este sentido las partículas de agua son muy generosas ya que dispersan toda la luz que les llega, tanto la "azul" como la "verde" o la "roja". Toda. Y por ello lo que percibimos es un color "blanco" (que en la matemática cromática equivale a la suma de todos los colores).

Sin embargo, ¿por qué a veces las nubes pierden su inocencia y se pasan al lado oscuro de la climatología?
Bueno, en realidad esto es mucho más fácil de explicar. Y es que hay tanta agua en esos nubarrones que la luz, simplemente, no puede atravesarlos, siendo reflejada en su mayor parte hacia arriba. Vamos, que las nubes nos hacen sombra.
Por tanto, cuanta más agua llevan menos luz nos llega hasta nosotros, más oscuras las vemos y más prisa nos damos para buscar refugio.


Y hasta aquí la breve entrada de hoy, la cual fue pensada hace bastante tiempo pero que acaba siendo publicada en Abril con sus aguas mil. ¡Qué apropiado!

Hasta la próxima.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La muerte de Theia

Estoy seguro de que más de una vez habéis quedado hipnotizados contemplando la Luna en alguna noche despejada, de ésas que tanto escasean ahora por alguna tormenta estacional o por la perenne contaminación. Bonita, ¿verdad? Con su diáfano brillo y su "cara" picada de cráteres...
Pero también creo que la gran mayoría de vosotros no ha pensando nunca en por qué está ahí. De dónde vino o cómo se formó. Y podéis estar tranquilos, porque yo tampoco. No tenía ni idea de su origen hasta que llegó a mis oídos un nombre tan sugerente que me vi obligado a indagar sobre él: Theia.

Si nos atenemos a la mitología griega, Theia (o T(h)ea, o T(h)ía o incluso Eurifaesa, por decir nombres) era una deidad conocida en la mayoría de los casos por ser la madre del Sol, la Luna y la aurora. Pero en astronomía éste es el nombre que se le ha dado a cierto protoplaneta del Sistema Solar que pudo ser, según la teoría más aceptada, el principal responsable del origen de la Luna. Una hipótesis conocida como, atentos, "Teoría del Gran Impacto" (siempre haciéndolo todo a lo grande...).


La Luna, huérfana y solitaria (preciosa foto de kukkurovaca).


Hace mucho, mucho tiempo (tanto como 4500 millones de años), en una galaxia muy, muy cercana (es decir, la nuestra) nos encontramos con un joven Sistema Solar lleno de numerosos protoplanetas. Entre todos ellos (bastantes más de los que existen ahora) se encontraba Theia, que se movía alrededor del Sol en una órbita prácticamente idéntica a la de la Tierra
¿Y cómo es que no chocaban entre ellos? Sin meternos en Física avanzada se puede decir que Theia quedó establecido en un punto de equilibrio en el que las fuerzas de gravedad de la Tierra y el Sol se anulaban entre sí. Es decir, se movía en la misma órbita que nuestro planeta pero manteniendo siempre la misma distancia con él.

Y así ocurrió, hasta que se hizo demasiado grande (más o menos del tamaño de Marte) y se salió de este punto de equilibrio, entrando en una serie de movimientos irregulares y caóticos que acabaron propiciando su impacto con la Tierra (calculada en una velocidad de 40000 Km/h).
La colisión tuvo que ser colosal. El núcleo de Theia se fundió con el de nuestro planeta, y todo su manto (así como parte del manto terrestre) salió despedido en todas direcciones. La Tierra, si bien totalmente fundida, sobrevivió; pero Theia fue destruida por completo. Murió...pero de su fin nació la Luna, ya que esos restos liberados al espacio se fueron agregando formando una nueva órbita en torno a la Tierra para acabar constituyendo, en muy poco tiempo, lo que ahora es nuestro satélite.

Como ya conozco mis dotes de "maestro" os dejo a continuación un vídeo en el que se representa magistralmente este momento de "muerte" y "vida". Hay muchos más, y seguro que mejores que éste (que incluso tiene algún que otro error en los carteles añadidos); pero creo que la música escogida en este caso como acompañamiento ayuda mucho a sentir la intensidad del momento ("In the House - In a Heartbeat", de John Murphy):




Para terminar hay que decir que existen numerosos interrogantes y críticas a esta hipótesis y que también se han propuesto otras posibilidades que intentan explicar el origen de la Luna (como que se formó al escindirse de la propia Tierra en una fase muy temprana o incluso que procede de fuera del Sistema Solar). 

Puede que algún día se consiga esclarecer del todo el asunto... o puede que no. Pero eso no impide que sigamos disfrutando de su presencia (casi) cada noche; y que a partir de ahora podamos hacerlo mientras imaginamos su violento origen. 

Aquel momento en el que el espacio se estremeció con la muerte de Theia.

Hasta la próxima, queridos lunáticos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Endosimbiosis final

El pasado día 22 de Noviembre murió la prestigiosa bióloga Lynn Margulis a la edad de 73 años.

Puede que muchos de vosotros no os hayáis enterado de la noticia (y no me extraña, dada la relevancia que tiene la Ciencia en los medios de comunicación), o que incluso no sepáis quién era; y es por ello que quería escribir la siguiente entrada. A modo de reconocimiento y despedida por parte de un biólogo al que asombró y decepcionó por igual.


Pero empecemos por la admiración, que hay y mucha. Por ser nada más y nada menos que la investigadora responsable de la famosa "Teoría endosimbiótica". Una hipótesis que bien merece tener una entrada propia en exclusiva (lo haré) pero que intentaré resumir a continuación.


El problema del que se parte es simple: existen dos clases básicas de arquitectura celular, denominadas procariota (como la de las bacterias) y eucariota (como por ejemplo la de todas nuestras células). Entre ellas existen grandes diferencias, siendo las eucariotas las más complejas, las únicas con núcleo y las que aparecieron de forma más tardía en la evolución. Por ello se ha pensado siempre que estas últimas tuvieron que evolucionar a partir de las primeras, pero... ¿cómo? ¿De qué forma aparecieron orgánulos (compartimentos de la célula con funciones específicas) tan complejos como la mitocondria (responsable de la generación de energía celular) o el cloroplasto (pieza fundamental para la fotosíntesis en algas y plantas)?


Es aquí donde entra la idea de Margulis, sugiriendo una simbiosis entre células procariotas. Es decir: yo te ayudo si tú me ayudas. Así, los distintos orgánulos eucariotas tendrían como origen pequeñas células procariotas que consiguieron entrar en el interior de una célula "pre-eucariota" mayor. Ésta estableció relaciones cooperativas con ellas de tal forma que le resultase más beneficioso "ayudarlas" que "devorarlas". Finalmente, los pequeños "huéspedes" perderían su independencia y dejarían de comportarse como organismos aislados, pasando a formar parte por completo de la célula mayor: la nueva célula eucariota.


No es lo mismo, pero visualmente lo sugiere muy bien: esa gran célula con
pequeños procariotas viviendo en su interior... (foto de pierre_pouliquin).

Es, como digo, una teoría muy elegante que ha sido respaldada con el paso de los años por numerosas pruebas moleculares, estando por ello ampliamente aceptada. De todas formas no sorprende saber que en su tiempo generó una fuerte controversia, y que le costó todo un mundo a Margulis publicar y demostrar sus trabajos. Ganarse, en último término, su sitio en la Historia de la Biología. 

Pero lo consiguió. Y más aún con el trabajo que fue desarrollando a continuación, apoyando otra de las hipótesis más comentadas y discutidas del mundo de la Ciencia: la Teoría de Gaia (o "cómo el planeta Tierra no es más que un gigantesco organismo vivo que se autorregula como tal").

En pocos años Margulis estaba en boca de todos...



... Y quizás es ahí donde empieza mi desengaño con ella. Con su última etapa investigadora. Cuando parece que todo esto se le sube a la cabeza y empieza a generar con demasiada frecuencia polémicas de distinta naturaleza. Algunas sin relación con la Biología, como una supuesta conspiración en los atentados del 11-S. Y otras defendiendo posturas tan incomprensibles como la negación de la relación entre VIH y SIDA.

Sin embargo, lo que más le llego a discutir como biólogo (que en realidad es lo que me importa, su papel investigador) fue su ataque constante al neodarwinismo (la teoría de la evolución tal y como la conocemos ahora) y su defensa a ultranza de la simbiosis como verdadero motor evolutivo. En otras palabras: "yo descubrí X y X es lo más importante, lo que todo lo explica". Algo que, lamentablemente, se ha vuelto demasiado común en numerosos investigadores de prestigio.

Según ella en la historia evolutiva no sobrevive el mejor adaptado sino el que "mejor se asocia". Las especies se originan y desarrollan por eventos simbióticos; por intercambios de información genética y asociaciones entre especies para dar lugar a otras nuevas. Y al diablo con las mutaciones, que quedan como simples anécdotas en la historia de la vida.

En esta línea expuso hace tres años una conferencia aquí, en la Universidad de Oviedo, a la que tuve la enorme suerte de poder acudir. Y digo "suerte" porque no todos los días se puede conocer y escuchar a una investigadora de su calibre, siendo además una gran divulgadora. No sólo eso, sino que también pude escuchar de primera mano sus ideas y reafirmarme en mi postura contraria.

Pero, sea como sea, la verdad es que su investigación está ahí. Que con su trabajo todos sabemos un poco más del misterio de la vida que tanto nos llama y tanto nos cuesta entender. Y que gracias a sus polémicas y controvertidas ideas el debate científico (literal) ha revivido por momentos

Que descanse en paz. O, como prefiero decir, que sus átomos sigan su camino...


Lynn Margulis (1938-2011), bióloga (foto de wicho).

lunes, 31 de octubre de 2011

¡"Toques" a discreción!

Estoy seguro de que todos habéis llegado a pensar lo mismo con el paso de los años: todo provoca cáncer. Que sí, que sí. Que lo dicen en la televisión y te lo vuelven a repetir luego las abuelas. Decídmelo a mí, que estuve cierto tiempo sin comer un buen plato de patatas fritas en casa de una de ellas por este tema...
La cuestión, que cada dos por tres (seis) un nuevo elemento de nuestra vida diaria pasa a convertirse en enemigo público número uno de la salud, y no era de extrañar que las miradas se acabaran centrando en las ondas de radiofrecuencia y, cómo no, en los teléfonos móviles.

Mucho se ha hablado sobre este tema en los últimos meses, siendo éste sólo el principio. Por ello, creo conveniente hacer un pequeño resumen cronológico y bibliográfico de los últimos acontecimientos, poniendo especial énfasis en los documentos y estudios escondidos bajo tanto titular periodístico y palabrería fácil.


¡Tranquilos!, podéis seguir leyendo sin que vuestra salud corra peligro (foto de  Marc_Smith).


Todo empieza el 31 de Mayo de este año. Es el día en el que la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (International Agency for Research in Cancer, IARC), un organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), emite el famoso comunicado responsable de todo el sarao. En él anuncia la inclusión de las radiaciones emitidas por dispositivos como los teléfonos móviles en la lista de "posibles carcinógenos humanos" (lo que se corresponde al Grupo 2B de su clasificación, en el que también está ¡el café!). Y para ello se basan en unos artículos científicos que analizan la posible asociación entre el uso de la telefonía móvil y un incremento en la incidencia de gliomas, un tipo maligno de cáncer cerebral.

Esto desató, evidentemente, una verdadera alarma social, favorecida por los típicos titulares que tanto venden y por la mala información en general. Imaginaros: que si el móvil mata, que si no te vuelvo a dar una llamada perdida más en la vida,... 
Sin embargo, el citado documento (que podéis consultar aquí) fue muy cuestionado dentro de la propia comunidad científica, ya que los resultados no eran para nada concluyentes. No sólo eso, sino que en ningún momento se explica cómo estas radiaciones pueden provocar daños en el DNA (que supone, en resumidas cuentas, el origen de esta enfermedad); cuál es el mecanismo biológico que subyace a tal relación.

Un mes después, el 1 de Julio, se publicaba en The Lancet Oncology una especie de resumen del informe completo de la IARC, en el que todo el mundo esperaba un poco más de información. O, al menos, algo que justificase el revuelo causado. Pero... agua. 
El artículo ("Carcinogenecity of radiofrequency electromagnetic fields", podéis ver el comunicado de prensa aquí) no aportaba prácticamente nada nuevo, y volvía a poner de manifiesto la falta de evidencias convincentes.

A partir de aquí ya os puedo adelantar lo que va a suceder: un goteo continuo de estudios científicos en uno y otro sentido (lo cual no es negativo ni mucho menos. Es... ciencia). El último a día de hoy fue publicado el 19 de Octubre en The British Medical Journal (BMJ). En el caso de este artículo ("Use of mobile phones and risk of brain tumours: update of Danish cohort study") estamos ante el estudio más extenso hecho sobre el tema, y los autores reportan no detectar ningún incremento de tumores cerebrales asociado al uso del teléfono móvil.


Personalmente me es difícil pensar que las emisiones de radiofrecuencia no tengan ningún efecto en nuestra fisiología (por no hablar de la del resto de especies), pero de ahí a afirmar que provoquen cáncer hay un buen trecho. Una laguna de conocimiento que habrá que rellenar con exhaustivos estudios epidemiológicos y experimentos que expliquen convincentemente cómo ocurre esto
Hasta entonces, a seguir trabajando en ello (como diría un antiguo presidente español con acento tejano) y a no olvidar otros productos como el tabaco o el alcohol, cuyos efectos están de sobra demostrados pero deliberadamente ignorados por diversos motivos.

Así pues que no cunda el pánico, queridos seres que vivan pegados a sus Nokias, iPhones o ladrillos prehistóricos; sigan usando el móvil como hasta ahora (y con sentido común, como todo). ¡"Toques" a discreción!

Hasta la próxima.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sobre gusanos y soldados perfectos

Lo recuerdo perfectamente. Era Primero de Carrera; clase de Zoología. Una intrascendente lección magistral sobre los platelmintos, estudiando lo típico: su anatomía, su fisiología, su clasificación (ya obsoleta, por cierto),... Nada del otro mundo, como digo. Hasta que el profesor nos habla del siguiente experimento, y nos consigue sacar de forma milagrosa del sopor producido por una rápida comida en la cafetería de la facultad.

Los platelmintos, también llamados "gusanos planos", son un grupo de invertebrados muy primitivos que engloba a más de 20000 especies, incluyendo numerosos parásitos como la famosa tenia (Taenia solum). Sin embargo, hoy hablaremos de la otra especie característica del grupo: la planaria (Dugesia sp.).

"Hola, soy una planaria. Y no, eso no son mis ojos, sino mis centros nerviosos".

En 1955, el biólogo James V. McConnell comenzó a trabajar junto a su compañero Robert Thompson en la memoria de los animales, centrándose primero en estos pequeños organismos. Aplicando pequeñas descargas eléctricas asociadas a ráfagas de luz demostraron que estos gusanos eran capaces de aprender, ya que rápidamente establecían la relación "luz = dolor" (condicionamiento pavloviano, se llama). Así, la simple emisión de luz ya les hacía huir o encogerse ante el daño que preveían sufrir.
No sólo eso, sino que aprovechando la impresionante capacidad de regeneración de estos gusanos (si los seccionas en varias partes cada una de ellas dará lugar a un nueva planaria) pudieron observar que esta memoria no residía exclusivamente en la cabeza, sino que cualquier parte del cuerpo conservaba la información aprendida previamente.

Aunque los resultados eran sorprendentes y revolucionarios para la época todo estaba en orden... hasta que llegaron los experimentos de 1962. Visto lo anterior, a McConnell se le ocurrió que quizás la memoria no se almacenase en las propias conexiones eléctricas del sistema nervioso, sino en forma de moléculas intracelulares en de las neuronas. Así surgió su idea del "RNA de memoria" y el extraño experimento que nos atañe: alimentar a planarias desentrenadas con trozos de otras que habían sido entrenadas previamente. Para entendernos: aprender a jugar al baloncesto comiendo parte del cerebro de Michael Jordan, o a tocar la guitarra haciendo lo propio con Santana. Aprender por canibalismo, vaya.
En teoría, los RNAs generados y acumulados en esos fragmentos transmitirían la información a la nueva planaria, ayudándola en su aprendizaje. Y... funcionó. Los gusanos alimentados aprendían con mayor rapidez a alejarse de la luz.

Rápidamente surgieron muchas dudas sobre la metodología del ensayo. Nadie se lo creía, y el hecho de que experimentos análogos con otros animales superiores fracasasen provocó, en último término, la desacreditación del trabajo de McConnell. Es evidente que ahora conocemos bastante más sobre la memoria, y que el RNA de memoria no existe (pese a que se han descubierto numerosas y sorprendentes funciones de esta molécula). Incluso se pueden explicar los resultados obtenidos en 1962 mediante la influencia de hormonas liberadas o rastros dejados en el soporte por las primeras planarias. Pero nada de esto le resta un ápice de interés a la historia de esta hipótesis, ni impide imaginar lo fácil que hubiese sido estudiar la carrera de haber sido verdad.

O, en palabras de aquel profesor de Zoología:
"La posibilidad de contar con un ejército capaz de memorizar rápidamente cualquier cosa, incluyendo toda la información del enemigo. Los soldados perfectos..."

Y hasta aquí los experimentos locos de hoy.

Hasta la próxima, queridos seres y queridas planarias...


jueves, 1 de septiembre de 2011

"¡Me pido prímer!"

Lo que son las cosas... Tan sólo cinco días después de publicar mi anterior entrada, sobre los últimos descubrimientos en torno a la panspermia y el origen de la vida, aparece este artículo centrado en el hallazgo de los restos de seres vivos más antiguos hasta la fecha. Es decir, pasamos del cómo al cuándo. ¡Y sin inmutarnos!

        ¿Los microfósiles de los Primeros Habitantes?
        (David Wacey, University of Western Australia)
Pero antes de establecer ese cuándo conozcamos otros datos; como por ejemplo los protagonistas. ¿Quiénes fueron estos pioneros? Lo que se ha encontrado en realidad son microfósiles (restos orgánicos mineralizados que no se han llegado a descomponer) procedentes de pequeñas células, seguramente bacterias. Es importante explicar que hasta ahora sólo se habían encontrado pruebas indirectas de la existencia de estos seres, como rastros de su presencia o actividad. Esta vez, sin embargo, se han hallado verdaderos restos que incluso parecen mostrar varias características propias de algunas bacterias actuales, como la forma filamentosa o la formación de colonias. 

No sólo eso, sino que este estudio también permite conocer un poco más sobre la forma de vida de estos supuestos "primeros habitantes" del planeta. Y es que la aparición de estos fósiles entre acúmulos de pirita (conocido desde siempre como "oro falso", pero cuyo verdadero y molón nombre es "disulfuro de hierro (II)", o FeS2 para los colegas...) parece indicar que estas primitivas bacterias vivían "respirando" azufre, y no oxígeno como ahora.

Y esto enlaza con la pregunta fundamental; con la verdadera estrella de la investigación. El cuándo. En qué momento estos pequeños seres comenzaron la aventura de la vida.
Como podéis imaginar hemos de ir muy, muy atrás en el tiempo. Nos encontraríamos con un planeta realmente hostil, lleno de volcanes en acción. Es esta alta actividad volcánica la que propicie la existencia de azufre por doquier, en un tiempo en el que el oxígeno no es más que un elemento minoritario. Ésta es la Tierra que nos encontraríamos hace casi 3500 millones de años, en el que ahora parece establecerse el principio de la vida.

Sé que muchas veces se dicen estos números por decir, y es en verdad difícil hacerse a la idea de lo que implican. De su magnitud. Se han usado mil ejemplos, un millón de metáforas y comparaciones (como la del reloj, que tanto odio...). Yo voy a intentar simplificarlo, usando una patética recta a escala. Para ello, me ayudaré de eventos puntuales que todos conocemos:




Como podéis ver, mucho ha llovido desde que esas pequeñas bacterias empezaran a nadar por aquí.

Quisiera destacar un par de cosas a raíz de esta imagen:
  • Todos tenemos asimilado que hace muchísimo tiempo que existieron y desaparecieron los dinosaurios. Y aún así, "todo" es "NADA" comparado con el transcurrido desde la formación de la Tierra o el origen de la vida. 
  • Es más, 3500 millones de años son muchos años para que la evolución actúe y puedan aparecer todas las formas de vida habidas y por haber.
  • Por último: los seres vivos podrían haber aparecido 1000 millones de años después de la formación de la Tierra. Si lo vemos en porcentaje, quiere decir que durante un cuarto de "historia" del planeta éste estuvo vacío de vida, pero que durante el 75% del tiempo la Tierra ha estado cubierta de seres vivos. Es, sin duda, el Planeta de la Vida...

Para acabar quisiera recalcar un aspecto que ya he mencionado en entradas anteriores. Si bien este trabajo ha sido publicado en una muy buena revista como Nature Geoscience (y sabemos que decir "Nature" es decir mucho... casi siempre), tendrá que ser revisado y puesto a debate por la comunidad científica. No vaya a ser que sea todo falso y nos quedemos con cara de...

Hora de despedirse hasta la próxima actualización. ¿Será también sobre el origen de la vida? Quién sabe... Quizás estos días se publique un revolucionario artículo defendiendo que todo ser viviente de este planeta se originó a partir de un pelo, caído de la barba de un marciano que nos visitó hace... pues eso, 3500 millones de años.

Hasta la próxima, queridos seres de origen desconocido...

martes, 16 de agosto de 2011

La Tierra "sembrada"

No voy a hablar de agricultura, no. De hecho, el tema de hoy hace referencia a algo mucho más antiguo que la agricultura o la ganadería. ¿La caza y la recolección? No, no; mucho más. El origen de la vida (¡toma ya!).

Es uno de los temas más importantes dentro de la Ciencia, y cómo no de la curiosidad humana. Descubrir y conocer cómo empezó todo. Cuándo y dónde. Y digo "dónde" porque varias teorías hipotetizan sobre la posibilidad de que la vida proceda del espacio exterior. 
La idea es sin duda de una elegancia extrema: meteoritos a modo de "vehículos" que llegan azarosamente a la Tierra transportando las moléculas necesarias para la vida, o incluso pequeños seres como bacterias o similares. Que, efectivamente, la Tierra fue "sembrada" de vida. Es lo que se conoce como "panspermia".

Esta bonita teoría tiene varios datos a su favor, como el hallazgo de algunas de estas moléculas "pre-bióticas" en la superficie de meteoritos recogidos por los científicos. Sin embargo, la posibilidad de que estos compuestos hayan llegado ahí como una contaminación (es decir, que se adhiriesen a la roca espacial ya en la Tierra) ha relegado a la panspermia a un segundo lugar. Hasta ahora...
La semana pasada vio la luz este artículo en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS, para los amigos científicos) en el que Callahan y colaboradores describen una vez más la presencia de moléculas "pre-bióticas" (incluyendo compuestos que pueden formar parte del DNA) en nuevos meteoritos. Y no sólo eso, sino que dicen ser capaces de demostrar su origen extraterrestre. Vamos, lo que sería un verdadero impulso a la panspermia.

Por supuesto que esto no es nada definitivo. Es un estudio más, y como tal ha de ser visto. Sin embargo, al ser tan sólido y presentar resultados tan trascendentes, la metodología, validez y repercusión de este trabajo serán revisados y debatidos por la comunidad científica. Esto es ciencia: investigación, descubrimiento, debate y progreso. Y este caso puede ser un buen ejemplo de ello.

Mientras tanto tendremos que seguir escudriñando en todos los lugares posibles buscando nuestro origen. Eso incluye mirar de vez en cuando arriba, a las estrellas, en el cielo de la noche. Y pensar, si vemos una estrella fugaz, que quizás así comenzó todo...

Y aquí me despido. Así que hasta pronto, pequeños extremófilos que quizás un día viajasteis en un cometa a través del espacio, buscando el Nuevo Mundo... (y sí, es una referencia a "Ride the Comet" de Ayreon).


¿La Lluvia de la Vida? (espectacular foto por retro traveler).

viernes, 12 de agosto de 2011

... y nuestra salud tomó aire.

Decía en la anterior entrada (hace ya demasiado tiempo...) que me gustaría dedicar otro espacio a las consecuencias del tabaco. A intentar explicar por qué es tan malo como dicen, aunque sea de forma esquemática y sencilla (y de una manera seguramente no muy rigurosa al no ser médico).
Creo que es un buen momento para ello, ya que hace unos meses salieron a la luz unos datos que podrían poner de manifiesto el rápido efecto de la "Ley Anti-tabaco" en la salud de los españoles (y esto visto a corto plazo; imaginaros según pasen los meses y los años).

Mas empecemos por el principio. ¿Qué inhalamos al fumar? Pues muchas sustancias, y (casi) ninguna buena.  Las más conocidas, por supuesto, son la nicotina, el alquitrán o el monóxido de carbono. Pero no van solos en su camino a nuestro interior; les acompañan ¡miles! de compuestos, entre los que podemos encontrar 250 sustancias dañinas para el organismo que incluyen 50 sustancias cancerígenas o componentes que refuerzan la capacidad adictiva de la nicotina (en este punto, por supuesto, podemos ser conspiranoicos y pensar que las tabaqueras las añaden premeditadamente; pero no es momento para hablar de ello).
Para entendernos: el típico grupo de personas que jamás invitarías a una fiesta, y menos aún en tu "propia casa"...

¿Y por qué son tan dañinos? ¿Qué hacen en nuestro organismo?. Todos, incluso los que fumáis a diario, sabemos que nada bueno. Pero desgraciadamente no somos del todo conscientes de la gran cantidad de daño que producen, a distintos niveles y en zonas realmente lejanas de nuestro cuerpo. Lo intentaré resumir a continuación.


El placer y dolor de fumar (smoke, de alasis).


Aparato respiratorio:
Son los que primero nos vienen a la cabeza. Los más estudiados y obvios (¡pues claro! entrando el humo por donde entra...). Podéis pensar en prácticamente cualquier patología respiratoria y comprobar que, efectivamente, el tabaco puede estar detrás de ella (desencadenando generalmente procesos inflamatorios). Desde "simples" reacciones alérgicas hasta verdaderas enfermedades crónicas, incluyendo sinusitis, faringitis, laringitis, bronquitis, ataques de asma, infecciones de oído, neumonía,... Sí, todo eso y más.

Ello se debe en gran parte a la acción del alquitrán, capaz de irritar el tracto respiratorio, paralizar los cilios que limpian continuamente estas vías e incluso de interferir en la acción de algunas células del sistema inmune como los macrófagos.

¿Y el cáncer? Por supuesto, pero vamos a dejarlo para más adelante...



Aparato circulatorio:
    La relación que existe entre el tabaco y los problemas circulatorios son menos conocidos, pero resultan de gran importancia al recordar que los accidentes cardiovasculares suponen la principal causa de fallecimientos en España.

    Fundamentalmente, el tabaquismo favorece el desarrollo de la aterosclerosis, enfermedad caracterizada por un descenso del flujo sanguíneo en determinados vasos al reducirse el interior de éstos. Los compuestos del tabaco que llegan al torrente sanguíneo provocan la muerte de numerosas células endoteliales (que recubren las vías sanguíneas), siendo éstas arrastradas por la sangre para acabar acumulándose en algún punto donde terminen formando verdaderas placas que interrumpan la corriente circulatoria. Además, se ha demostrado el efecto de la nicotina en estos vasos, promoviendo la contracción y "oclusión" de los mismos.

    Ahora sólo hay que pensar en la aterosclerosis como el punto de inicial de numerosos trastornos cardiovasculares (como la hipertensión, los ataques al corazón o incluso los derrames cerebrales) y podremos hacernos a la idea del papel que juega el tabaco en estas patologías.



    Adicción:
      Primero la obviedad: fumar "engancha". Te crea tal adicción que necesitas fumar (y cuanto más, mejor) para poder calmar tu cuerpo. No sólo eso, si no que dejarlo es realmente complicado. ¿Por qué ocurre esto?
      La explicación puede resultar un poco compleja, pero se resume en lo siguiente: la nicotina llega rápidamente por la sangre al cerebro, donde se unirá a los receptores nAChR que se encuentran en las membranas externas de determinadas neuronas (tranquilos, tanto el nombre como la naturaleza de estas proteínas están de más en este resumen). En última instancia esta unión provoca la liberación de dopamina, una molécula muy importante en la sensación de placer y el refuerzo de la motivación ante alguna actividad. Cuanto más tabaco más nicotina, más liberación de dopamina y más placer.

      Pero las células se "acostumbran" rápido a esto, y cada vez necesitan de más nicotina para conseguir el mismo efecto que antes. Es decir, la persona querrá volver a sentir lo mismo de siempre, pero para ello su cuerpo le estará exigiendo más y más. Esto no sólo explica el hecho de que cada vez se fume más, sino que también muestra la problemática de dejarlo, provocando en el fumador un verdadero vacío de goce e incluso motivación.



      Cáncer:
        Hablemos ahora del cáncer. Tal y como os contaba unas (cuantas) líneas más arriba, entre los compuestos del tabaco se han detectado unos 50 compuestos con propiedades cancerígenas (incluyendo el benzeno, el benzopireno, el óxido nítrico o las nitrosaminas). Ello parece indicar con bastante claridad una posible relación entre el tabaco y el proceso oncogénico.

        En efecto, se ha descrito esta relación en nada más y nada menos que 12 tipos de cánceres: de pulmón, cabeza y cuello, estómago, páncreas, hígado, colorrectal, vegija, riñón, genital y linfático.

        Y si esto os pareciera (por casualidad) poco...



        Otras alteraciones descritas:

          • Diabetes
          • Problemas en el embarazo
          • Problemas dérmicos
          • Problemas auditivos
          • Disfunción erectil
          • ...

          Y la lista crece cada año más y más.



          Creo que todo lo expuesto pone de manifiesto no sólo el grave peligro que supone el tabaco, sino la importancia de leyes como la que entró en vigor en España al iniciar el año.

          Y, para acabar, quisiera dejaros una frase bastante indicativa que quizás os haga reflexionar. La escuché en clase, no hace mucho, de boca de un especialista:


          "Si la gente dejase de fumar se conseguiría salvar muchas más vidas que con los próximos 50 años de investigación biomédica".



          Hasta la próxima (¿habrá?), queridos seres que respiran aire cada vez más limpio...