domingo, 11 de diciembre de 2011

La muerte de Theia

Estoy seguro de que más de una vez habéis quedado hipnotizados contemplando la Luna en alguna noche despejada, de ésas que tanto escasean ahora por alguna tormenta estacional o por la perenne contaminación. Bonita, ¿verdad? Con su diáfano brillo y su "cara" picada de cráteres...
Pero también creo que la gran mayoría de vosotros no ha pensando nunca en por qué está ahí. De dónde vino o cómo se formó. Y podéis estar tranquilos, porque yo tampoco. No tenía ni idea de su origen hasta que llegó a mis oídos un nombre tan sugerente que me vi obligado a indagar sobre él: Theia.

Si nos atenemos a la mitología griega, Theia (o T(h)ea, o T(h)ía o incluso Eurifaesa, por decir nombres) era una deidad conocida en la mayoría de los casos por ser la madre del Sol, la Luna y la aurora. Pero en astronomía éste es el nombre que se le ha dado a cierto protoplaneta del Sistema Solar que pudo ser, según la teoría más aceptada, el principal responsable del origen de la Luna. Una hipótesis conocida como, atentos, "Teoría del Gran Impacto" (siempre haciéndolo todo a lo grande...).


La Luna, huérfana y solitaria (preciosa foto de kukkurovaca).


Hace mucho, mucho tiempo (tanto como 4500 millones de años), en una galaxia muy, muy cercana (es decir, la nuestra) nos encontramos con un joven Sistema Solar lleno de numerosos protoplanetas. Entre todos ellos (bastantes más de los que existen ahora) se encontraba Theia, que se movía alrededor del Sol en una órbita prácticamente idéntica a la de la Tierra
¿Y cómo es que no chocaban entre ellos? Sin meternos en Física avanzada se puede decir que Theia quedó establecido en un punto de equilibrio en el que las fuerzas de gravedad de la Tierra y el Sol se anulaban entre sí. Es decir, se movía en la misma órbita que nuestro planeta pero manteniendo siempre la misma distancia con él.

Y así ocurrió, hasta que se hizo demasiado grande (más o menos del tamaño de Marte) y se salió de este punto de equilibrio, entrando en una serie de movimientos irregulares y caóticos que acabaron propiciando su impacto con la Tierra (calculada en una velocidad de 40000 Km/h).
La colisión tuvo que ser colosal. El núcleo de Theia se fundió con el de nuestro planeta, y todo su manto (así como parte del manto terrestre) salió despedido en todas direcciones. La Tierra, si bien totalmente fundida, sobrevivió; pero Theia fue destruida por completo. Murió...pero de su fin nació la Luna, ya que esos restos liberados al espacio se fueron agregando formando una nueva órbita en torno a la Tierra para acabar constituyendo, en muy poco tiempo, lo que ahora es nuestro satélite.

Como ya conozco mis dotes de "maestro" os dejo a continuación un vídeo en el que se representa magistralmente este momento de "muerte" y "vida". Hay muchos más, y seguro que mejores que éste (que incluso tiene algún que otro error en los carteles añadidos); pero creo que la música escogida en este caso como acompañamiento ayuda mucho a sentir la intensidad del momento ("In the House - In a Heartbeat", de John Murphy):




Para terminar hay que decir que existen numerosos interrogantes y críticas a esta hipótesis y que también se han propuesto otras posibilidades que intentan explicar el origen de la Luna (como que se formó al escindirse de la propia Tierra en una fase muy temprana o incluso que procede de fuera del Sistema Solar). 

Puede que algún día se consiga esclarecer del todo el asunto... o puede que no. Pero eso no impide que sigamos disfrutando de su presencia (casi) cada noche; y que a partir de ahora podamos hacerlo mientras imaginamos su violento origen. 

Aquel momento en el que el espacio se estremeció con la muerte de Theia.

Hasta la próxima, queridos lunáticos.