viernes, 21 de enero de 2011

Cuando el humo se hizo humo...

Sí, la imagen es de Fringe. Pero se sale, y pega con el tema.
Aquí la tenéis, para todos vosotros: la tan comentada Ley 42/2010, mal llamada "Ley Anti-tabaco". Y es que, como mucho, se podría catalogar como "Ley Anti-Humo en Sitios Públicos Cerrados (con excepciones) pero no Abiertos (con excepciones)". Pero en ningún momento prohíbe este documento la venta o el consumo de tabaco (aunque muchos lo deseemos...).

Pero tranquilos, no nos vamos a meter ahora en embrollos legislativos o cívicos. Eso queda para acaloradas discusiones familiares o típicos debates de bar donde se oyen los mismos argumentos de siempre. Por el contrario, veo más conveniente (sobre todo en el marco de este blog) adentrarnos en la repercusión que tiene el tabaco en la salud. Y mucho.

Realmente da miedo oír a ciertas personas por la calle, defendiendo sin criterio alguno que no está demostrado que el tabaco provoque cáncer. ¡Que no mata!, cuando así lo muestra uno de los estudios epidemiológicos más grandes e importantes de la Medicina: el British Doctors Study; llevado a cabo por el Medical Research Council (MRC) y el actual Clinical Trial Service Unit (CTSU) de Oxford.

La envergadura de este estudio es impresionante: 50 años de seguimiento (desde 1951 hasta 2001) durante los que se monitorizó el estado de salud y el hábito de fumar de los más de 30000 médicos británicos que accedieron a participar en él.
Y los últimos resultados (Doll R et al, British Medical Journal, 2004, de libre acceso) no dan lugar a dudas: el tabaco reduce la esperanza de vida, como media, en 10 años. No sólo eso, sino que establece una clara relación entre el tabaco y determinadas patologías como el cáncer (no sólo de pulmón), enfermedades respiratorias crónicas, problemas cardiovasculares (como ataques de corazón),... De hecho, la mitad de los fumadores mueren por una de estas patologías asociadas al tabaco.
El estudio también deja abierta una puerta de esperanza, ya que refleja la importancia de dejar el hábito. Así, cuanto antes se deje de fumar (60, 50, 40 ó 30 años), más años de esperanza de vida se ganan (3, 6, 9 y 10 años respectivamente). Es decir, ¡si alguien lo deja a los 30 años su esperanza de vida vuelve a ser la misma que cuando no fumaba!

De acuerdo, fumar es malo. Pero... ¿por qué? ¿Cómo nos produce el tabaco ese mal? Bueno, la verdad es que sería una tarea titánica enumerar todos los perjuicios que provocan los compuestos presentes en esta droga, y más aún teniendo en cuenta que a estas alturas del texto ya estaréis cansados de leer.
Pero prometo que, en una futura entrada (quizás la siguiente, quizás la de más allá,...), retomaré el tema y me detendré (de forma clara y concisa) en unos pocos efectos de gran importancia.

Hasta la próxima, queridos seres pluricelulares.